Please insert ads from Admin CP

Autor Tema: El Espiritismo  (Leído 1948 veces)

0 Usuarios y 1 Visitante están viendo este tema.

roby

  • Visitante
El Espiritismo
« : noviembre 26, 2008, 11:34:11 am »
El intenso trabajo de Kardec permitió que en menos de dos décadas la Doctrina de
los Espíritus esté codificada, anunciando una nueva era para la humanidad

atorce años fue el período que dispuso Allan Kardec para adquirir el conocimiento de los fenómenos espíritas; observar, analizar, verificar y finalmente codificar las informaciones
que recibió de los Espíritus. Durante este poco tiempo, escribió millares de páginas, entre libros y ediciones de La Revista Espírita. Su enorme capacidad de trabajo incluía la presidencia de la Sociedad Parisiense y una intensa correspondencia con lectores y admiradores de diversos países.
El 1º de enero de 1867, registró la extensión de los desafíos que venció: fue blanco del odio de enemigos obstinados, de la injuria, de la calumnia, de la envidia y de los celos. Los periódicos eran campo fértil donde los adversarios del Espiritismo difundían infamias
y agresiones, muchas dirigidas a su persona directamente.
Recibía cartas ferinas, agresiones gratuitas.
Sus palabras fueron distorsionadas, sus libros quemados.
Fue traicionado por aquellos en quien depositó una gran confianza y paradójicamente recibió la ingratitud por el bien que propagó.
Inclusive la sociedad parisiense le rindió sinsabores: intrigas y celos mal disfrazados nacían entre aquellos que deberían ser sus compañeros de trabajo en la práctica del bien. Expuesto al ridículo, fue blanco de sospechas de los que creían que el Espiritismo lo volvía
rico. «Nunca más conocí el reposo; más de una vez sucumbí bajo el exceso de trabajo, mi salud fue alterada y mi vida comprometida », narró. Pero – como diría más tarde – el
futuro estaba escrito con caracteres irrebatibles y, por esta razón, el Espiritismo se
convirtió en la obra de su vida. Jamás se dejó abatir.
El desestímulo no hacía parte de su carácter firme: «Perseguí mi tarea con el mismo ardor, sin preocuparme con la malevolencia de que era objeto».
Conoció con anticipación, por su espíritu protector, de las vicisitudes que le aguardaban y ni siquiera así desfalleció.

Libros quemados

Una de las más violentas reacciones contra la naciente Doctrina Espírita ocurrió a las 10:30 horas del día 9 de octubre de 1861, en la plaza de la ciudad de Barcelona, España. En el sitio donde eran ejecutados los criminales condenados a muerte y por orden del Obispo de la ciudad fueron quemados 300 libros sobre el Espiritismo. Entre ellos: El Libro de los
Espíritus, La Revista Espírita; El Libro de los Médiums; Qué es el Espiritismo; Fragmento de sonata, dictado por el Espíritu de Mozart; Carta de un Católico sobre el Espiritismo, por el Dr.Grand; La Historia de Jeanne d’Arc, dictada por ella misma a la Srta. Ermance Dufaux; y
La realidad de los Espíritus demostrada por la escritura directa, por el barón de Guldenstubbé.
Los principales periódicos de España informaron el hecho, lamentando el regreso del autoritarismo, pero en Francia, los periódicos liberales se limitaron a mencionar el hecho sin comentarios. El diario Siècle, que Kardec registró ser «tan ardiente en estigmatizar los abusos de poder y los menores actos de intolerancia del Clero», no publicó una sola
palabra de reprobación y algunos periódicos de menor importancia encontraron en el episodio motivo para burla. Kardec protestó contra la indiferencia:
«No callan la censura cuando se trata de una simple recusa de estampilla para la venta de un libro materialista; ahora, la Inquisición irguiendo sus hogueras con la antigua
solemnidad, a la puerta de Francia, tenía mucho más gravedad.
¿Por qué, pues, esta indiferencia? Porque se trataba de una doctrina cuyos progresos era vistos con terror por los incrédulos; reivindicar la justicia en su favor era consagrar su derecho a la protección de la autoridad, y aumentar su crédito.» Subrayó el Codificador que el auto de fe de Barcelona, por la repercusión que tuvo, contribuyó poderosamente para propagar las ideas espíritas. Kardec recibió, desde Barcelona, un dibujo representando la escena del auto de fe. Además, guardó en una urna de cristal las cenizas recogidas de la hoguera, entre las cuales se encontraban fragmentos legibles de hojas quemadas.

El Guía Espiritual

Si hubo dolores, también le llegaron suaves compensaciones.
La protección y la ayuda de los buenos Espíritus jamás le faltaron. El Espíritu de Verdad lo
asistía, solícito y bueno. Inclusive, orientaciones sobre su salud le fueron dadas. En diversas comunicaciones los Espíritus le pedían prudencia, discreción y dedicación, a fin de que su misión pudiese ser concluida.
«No hables jamás de tu misión, ese sería el medio de hacerla fracasar», le recomendó el Espíritu de Verdad. Obedeció a las recomendaciones: sus libros y la Revista Espírita fueron elaborados en el más riguroso silencio.
El Espíritu de Verdad demostró desear protegerlo, ocultando su propia identidad, cuando Kardec indagó, el 25 de marzo de 1856, en la casa del Sr. Baudin: «Mi Espíritu familiar, quien quiera que seáis, os agradezco por haber venido a visitarme; ¿Queréis decirme quién sois?» En respuesta, escuchó: «Para ti, yo me llamaré La Verdad» Exactos quince días
después, en el mismo local, este espíritu le brinda una emocionante prueba de afecto cuando Kardec indaga: «Dijisteis que serías para mi un guía, que me ayudarías y me protegerías; concibo esta protección y su objetivo en un cierto orden de cosas, pero ¿Te
gustaría decirme si esa protección se extiende también a las cosas materiales de la vida?». Y la tierna respuesta: «En este mundo, la vida material importa mucho; no ayudarte a vivir, sería no amarte»
Tiempo después, Kardec señala que de hecho la protección de este Espíritu - del cual estaba lejos de deducir su superioridad - jamás le faltó.
En diversas ocasiones el Espíritu de Verdad registró su felicidad al ver el prodigioso crecimiento del Espiritismo. «¡Con cuántas dulces consolaciones mis tribulaciones fueron pagas! ¡Cuántas bendiciones!
¡Cuántos testimonios de real simpatía recibí por parte de los numerosos afligidos que la Doctrina consoló!
Ese resultado no me fue anunciado por el Espíritu de Verdad que, sin duda, deseó no mostrarme sino las dificultades del camino. ¡Cuánta sería mi ingratitud si me quejase!», apuntó.
Además, decía que cuando le llegaba una decepción o una contrariedad cualquiera, se elevaba con el pensamiento por sobre la Humanidad. «Me colocaba, por anticipación, en la región de los Espíritus y, desde este punto culminante, las miserias de la vida se deslizaban sobre mí sin afectarme. Hice de esto un hábito para que los gritos de los malos
jamás me perturbaran».

La era de la razón

El mundo había sido preparado para recibir el Consolador Prometido por Jesús. Después del
oscurantismo de la Edad Media, estaba por llegar la hora en que se instalaría el tiempo de la racionalidad.
El pensamiento occidental fue siendo trabajado a lo largo de los siglos por las contribuciones del arte, de la filosofía, de los avances científicos.
El sentido estético que depuraba desde el Renacimiento, se dilató por tres siglos de música sublime. El iluminismo había dejado marcas profundas. Se instaló el predominio de la lógica. Florecieron las diversas ramas de la ciencia. Los valores medievales caían al soplo renovador de una época en que los hombres debatían, buscaban explicaciones racionales y cuestionaban la religión tradicional. Al rayar el siglo XVIII, el siglo enciclopédico anunciaba que deberían desmoronarse la ignorancia, los abusos y las supersticiones para dar lugar a la secularización y a la libertad de expresión. Era absolutamente necesario que ocurriese
de esta forma. De lo contrario, las ideas espíritas serían aniquiladas en su nacimiento, victimadas por el fanatismo y por la censura.
Francia se convirtió en un centro cultural. París consolida la fama de capital del intelecto,
de la belleza y del arte. En el campo político, Juana de Arco ya había garantizado la unidad del territorio. Hacía poco más de un siglo el país se bañaba en sangre al cuestionar la estructura del poder.
Napoleón Bonaparte llegó al poder con la misión de restaurar el orden social. Y si el General se dejó envolver por la vanidad y el orgullo (lea el texto de la página 26) también es verdad que legó a Francia un código que garantiza la libertad individual, la igualdad frente a la ley y el derecho a la propiedad privada, entre otros avances.
Fue en este ambiente de refinamiento sociocultural que surgió el Espiritismo. A inicios de 1857, el texto manuscrito de El Libro de los Espíritus estaba concluido. El editor, E. Dentu, lo envió a la Imprimerie de Beau, en Saint-Germain-en-Laye, a 23 Km de París. El matrimonio Rivail absorbió todos los gastos de la impresión.

El Libro de los Espíritus

El 18 de abril de 1857 se publica la primera edición.
Contenía los principios de la Doctrina Espírita «acerca de la naturaleza, de la manifestación y relación de los Espíritus con los hombres; de las leyes morales; de la vida presente, de la vida futura y del porvenir de la humanidad, escrito y publicado por Allan Kardec conforme el orden y dictado de los Espíritus Superiores» Es en esta obra que Rivail adopta el pseudónimo de Allan Kardec, nombre que, según el Espíritu Zéfiro, el Codificador tuvo en una pasada existencia entre los druidas - sacerdotes del pueblo celta.
La primera edición de El Libro de los Espíritus contenía apenas 176 páginas, 24 capítulos y 501 preguntas, distribuidas en tres partes. Las 17 notas de Kardec ocupaban doce páginas al final del libro. No había conclusiones, apenas un epílogo, de menos de una página.
Kardec llegó a anunciar la publicación de un suplemento, conteniendo nuevas enseñanzas, pero desistió de la idea y elaboró una segunda edición «enteramente reformada y considerablemente aumentada», que fue publicada en marzo de 1860. Además de prácticamente duplicar el número de preguntas, hizo diversas modificaciones.
Una de ellas está en los Prolegómenos, que en esta vez traen un texto mayor y la mención
de nombres como Juan Evangelista, San Agustín, San Vicente de Paul, San Luis, El Espíritu
de Verdad, Sócrates, Platón, Fénelon, Franklin y Swedenborg.
La cepa de la viñera, dibujada por los Espíritus y colocada en lo alto de la página desde la primera edición, como emblema del trabajo del creador, es el único elemento gráfico de
toda la Codificación.

La Revue Spirite

Siete meses después del lanzamiento de El Libro de los Espíritus, el día 15 de noviembre de 1857, Kardec pone a consideración de los Espíritus su idea de hacer un periódico espírita. Tenía prisa y el recelo de que otros salieran al frente. A través de la mediumnidad de Ermance Dufaux transmitió diversos consejos. Entre ellos la recomendación: «Al inicio, debes cuidar de satisfacer la curiosidad, reunir lo serio a lo agradable: lo serio para atraer a los hombres de ciencia, lo agradable para deleitar al vulgo. Esta parte es esencial, sin embargo la otra es más importante.»
Exactamente 45 días después Kardec lanzaba la Revista Espírita - Periódico de Estudios Psicológicos. Durante los doce años siguientes, como previeron los espíritus, la Revista fue un enorme suceso. Dinámica, contenía el relato de las manifestaciones de los Espíritus,
apariciones y evocaciones, así como todas las noticias relativas al Espiritismo.
En todos sus números, Kardec dio pruebas de tino periodístico y elegante sentido del
humor. Sus respuestas a los detractores del Espiritismo eran memorables, los títulos
atrayentes y los asuntos incitadores.
Las comunicaciones espíritas de personalidades como Mozart, Homero, Fénelon, la explicación de las leyendas y creencias populares y la investigación de fenómenos
espíritas divulgados en los periódicos atrajeron subscriptores de diversos países.
Durante toda la vida física de Kardec la Revue Spirite jamás falló; funcionaba en su propia residencia y la editaba integralmente, además de cuidar de todolo relacionado hasta su publicación. Simultáneamente escribía libros, coordinaba la Sociedad de París, recibía centenas de visitantes, hacía viajes y entablaba correspondencia con personas del mundo entero.

La Sociedad Parisiense

La Sociedad Parisiense de Estudios Espíritas se inició con reuniones en la residencia del matrimonio Rivail, en la Rue des Martyrs Nº 8. La principal médium era Ermance Dufaux. Con el número creciente de frecuentadores, fue necesario encontrar un local más amplio. La solución fue arrendar una sala, dividiéndose los gastos entre los miembros de la institución fundada legalmente el 1º de abril de 1858.
Fue en las reuniones semanales que sobrevino una buena parte de las actividades mediúmnicas y de estudio supervisadas por Kardec. Las reuniones no eran abiertas al público, aunque hubiesen «reuniones generales » en que visitantes, presentados por miembros de la Sociedad, podían ser admitidos.
Una de las más notables hazañas de Allan Kardec fue el número de libros, ensayos y ediciones de la Revista que escribió. En 1858 publicó: Instrucción Práctica sobre las
Manifestaciones Espíritas, conteniendo la exposición completa de las condiciones necesarias
para comunicarse con los Espíritus, y los medios de desarrollar la mediumnidad. Después
de salir al público El Libro de los Médiums, el 15 de enero de 1861, Kardec nunca más hizo imprimir la Instruction, que consideró superada por la nueva obra.
En 1859 lanzó el libro: ¿Qué es el Espiritismo? Una introducción al conocimiento del mundo invisible por las manifestaciones de los Espíritus, conteniendo el resumen de los principios
de la Doctrina Espírita y respuestas a las principales objeciones.
En el mes de marzo de 1860 sale la segunda edición de El Libro de los Espíritus. Encima del título aparece la frase: «Filosofía espiritualista» Esta nueva edición, que se convirtió en
la definitiva, tiene 1019 preguntas distribuidas en cuatro partes. Son acrecentadas las Conclusiones; no aparece el índice alfabético. La forma de exposición doble no aparece
en ninguna de las partes y las notas vienen de las respuestas de los Espíritus, siendo mucho más numerosas.

Nuevos libros

El Libro de los Médiums, guía de los médiums y de los evocadores, es la secuencia de El Libro de los Espíritus.
Contiene la enseñanza de los Espíritus sobre la teoría de todos los géneros de manifestaciones, los medios de comunicarse con el mundo invisible, el desarrollo de la mediumnidad, las dificultades y los obstáculos con que se puede deparar en la práctica
del Espiritismo.
En febrero de 1862 el Codificador publica: El Espiritismo en su más simple expresión, una exposición resumida de la enseñanza de los Espíritus y de sus manifestaciones.
El año siguiente lanza: Viaje Espírita en 1862, libro que contiene las observaciones sobre el
estado del Espiritismo; instrucciones sobre la formación de los grupos y de las sociedades, un modelo de reglamento para las instituciones espíritas y tres discursos proferidos por Kardec a los espíritas de Lyon y Bordeaux.
El libro Imitación del Evangelio según el Espiritismo es lanzado en abril de 1864. La palabra ‘imitación’ debe ser entendida en el sentido de ‘práctica’. El libro contiene la explicación de las máximas morales del Cristo, su concordancia con el Espiritismo y su aplicación a las diversas situaciones de la vida. La obra tuvo su título cambiado por El Evangelio según el Espiritismo por sugerencia de su editor, el Sr. Didier, entre otras personas. En 1866 es lanzado el libro, Kardec deja claro que modificó el título, pero que consideraba la obra
una nueva edición de la anterior. La tercera edición de El Evangelio, que fue la definitiva. Los Espíritus dijeron que este libro tendría una influencia considerable, porque explica
interrogantes de interés capital: «No solamente el mundo religioso encontrará en él las máximas que necesita, como las naciones, en su vida práctica, absorberán instrucciones excelentes».
El 1º de agosto de 1865, Allan Kardec lanza El Cielo y el Infierno, o la Justicia Divina según el Espiritismo. La obra contiene el examen comparado de las doctrinas sobre el paso de la
vida corporal a la vida espiritual, las penas y recompensas futuras, los ángeles y los demonios, las penas eternas.
También trae numerosos ejemplos sobre la situación del alma durante y después de la muerte.
En 1866 sufre una seria crisis de salud, consecuencia de la sobrecarga de trabajo y de preocupaciones.
Fue asistido por el Espíritu del Dr. Demeure, que le advirtió en cuanto al límite de sus fuerzas corporales; a insistencia pasó a solicitar la cooperación de un secretario, el Sr. A. Desliens, para contestar su correspondencia y en sus tareas materiales.
El último libro lanzado por Kardec salió al público el día 6 de enero de 1868: El Génesis, los milagros y las predicciones según el Espiritismo. Presintiendo su desencarnación próxima, el Codificador preparó las condiciones de proseguimiento de los estudios de la Sociedad de París para después de su muerte y estableció una comisión central para substituirle.

La desencarnación

El día 31 de marzo de 1869, Allan Kardec se prepara para desocupar el inmueble de la Passage Ste. Anne. Planificaba mudarse para la Villa Ségur.
Pero, al atender a un cajero de la librería, desencarna súbitamente. La causa más probable es la ruptura de un aneurisma de aorta.
Once años después de lanzado, El Libro de los Espíritus estaba en su 15ª edición, el Espiritismo estaba en el centro de los debates y la correspondencia era inmensa. La muerte sorprendió a Kardec en medio de esa actividad infatigable. Cuando desencarnó, trabajaba en una obra sobre las relaciones del magnetismo con el Espiritismo.
El cuerpo de Allan Kardec fue sepultado al mediodía del 2 de abril, en el cementerio de Montmartre. Se estima que más de mil personas acompañaron el cortejo. Delante de la tumba, el astrónomo Camille Flammarion, médium de la Sociedad Parisiense, pronunció su famoso discurso, en el cual denomina al Codificador de «el buen sentido encarnado
» y cierra, emocionado: «Hasta pronto mi querido Allan Kardec, hasta pronto».
En la primera reunión de la Sociedad Parisiense, después de la desencarnación de Kardec, los presentes lanzaron la idea de construir un monumento al profesor de Lyon. La idea recibió la adhesión de espíritas de diversas ciudades. Y así se mandó construir el dolmen en el cementerio Père-Lachaise, para donde fueron trasladados los restos mortales de Kardec el 29 de marzo de 1870. Dos días después de inaugurado el monumento, que no registraba aún la frase «Nacer, morir, renacer y progresar siempre, tal es la ley» grabada en 1870.
Esta frase no fue acuñada textualmente por Kardec, pero representa correctamente la filosofía espírita.
El 21 de enero de 1883 desencarna Madame Allan Kardec. Su cuerpo es sepultado
junto al de su esposo. Casi 21 años después de la desencarnación de Kardec, en enero de 1890, sus amigos lanzan el libro Obras Póstumas, una colección de ensayos y anotaciones
personales sobre asuntos diversos además de memorias de sus actividades y planes para el futuro.