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Autor Tema: LA MEDITACION por Joseph Murphy  (Leído 362 veces)

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moni18

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LA MEDITACION por Joseph Murphy
« : julio 19, 2016, 07:02:46 pm »
LA MEDITACION.
Joseph Murphy.
Tomado del libro: THIS IS IT: The Art of Metaphysical Demonstration
Rev. Joseph Murphy, Ph.D.
Church of Divine Science
Los Angeles, 3rd ed., 1948 Revised
Traducido del inglés por:
Wilfredo J. Césare (2007)


La Meditación es la disciplina de la observación interna. Hacemos de forma natural aquellas cosas que entendemos. Las cosas que no entendemos, las hacemos forzándonos a nosotros mismos. Los estudiantes siempre le dicen al profesor cuán difícil fueron sus intentos. Pero en la meditación, el esfuerzo -en sí mismo- ya constituye un error, porque ésta se realiza siempre sin esfuerzo. En la meditación, la tensión, el agotamiento o la fuerza, conducen al error.

La siguiente, es una excelente manera de aquietar la mente: imagínese a usted mismo en lo alto de una montaña, en la noche, mirando un lago. En su plácida superficie puede ver el cielo, las estrellas, la luna y todo aquello que está sobre la tierra. Si la superficie del lago se agita, las imágenes reflejadas estarán borrosas y confusas; tal como lo están dentro de usted. Eso es porque usted aún no logra estar "en tranquilidad", en paz. Y la respuesta a la oración solamente llega para el hombre que siente toda la tranquilidad del gozo de ya haber recibido aquello por lo cual oró.

La meditación es la interiorización de un estado de conciencia. Es una peregrinación interna. Si un niño de ocho años puede operar exitosamente la Ley, nosotros también podemos hacerlo. Pero primero, debemos ser como niños pequeños. Media hora diaria dedicada a la meditación sobre sus ideales, metas y ambiciones, harán de usted una persona diferente. En un mes, en algún momento, vendrá el suave y silente reconocimiento de que Dios está dentro de usted, de que el espíritu del Dios Todopoderoso está ahora moviéndose a su favor y que aquello que quiera ser, poseer o hacer, será ya un hecho en su conciencia. Un hombre hace realidad este estado sintiendo la emoción de la realización; cuando esto ha sucedido, él no estará más preocupado, ansioso o aprehensivo.

Por otra parte, él ya no pedirá consejos, porque estará bajo la compulsión de hacer aquello que es correcto. Su mente subjetiva lo conducirá a tomar todas las medidas necesarias para alcanzar sus metas u objetivos. Luego de la oración, si una persona aún siente dudas y empieza a argumentar consigo mismo sobre cuál es el curso que debe seguir, es porque aún no ha logrado fijar el estado deseado en su conciencia; entonces deberá nuevamente retomar el asunto e insistir en la realidad de ello.

"En verdad os digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él" (Mateo 11:11). Esto significa que cualquier hombre que ore exitosamente tocando la Realidad del modo apropiado y sintiéndola, es más grande que el hombre más sabio. La mayor parte de nosotros vive su vida mirándola externamente. El sabio aprende a verla internamente. La disciplina de observarla "internamente" y de evocarla mentalmente, es la "Meditación."

La abstracción es la clave para la meditación. Es decir, debemos separarnos completamente de todas las creencias y opiniones mundanas y concentrarnos silenciosamente en nuestro estado ideal. Éste es el "esfuerzo-no forzado" que permite que fluyamos hacia nuestra realización sin conflictos. Esta "separación" no significa que renunciemos a aquello que terrenalmente nos pertenece, sino que debemos renunciar a nuestra identificación con aquello que particularmente nos ata y nos limita a un punto de vista humano en todos los problemas.

"Aquiétate y SABE". La tranquilidad no es solamente el quedarse quieto; significa que dentro del Ser han sido removidas aquellas causas que crearon una discordia en la vida interna. Esto quiere decir que no debe haber una disonancia interna, sino que cuando la persona camina hacia dentro de sí misma, debe encontrar una paz perfecta y perdurable. Cuando se sabe que Dios está dentro de sí mismo, el hombre vive en un mundo que es siempre pacífico. La carencia de esto, hace que el hombre viva la vida en una serie de condiciones que lo afligen al extremo. Se queja de cosas que, si las viera de manera distinta, no le causarían un momento de infelicidad.

Todos los días de nuestras vidas debemos meditar en la belleza, el amor y la paz. Deberíamos sentir que estas cualidades están resucitando en nosotros. Al meditar diariamente en esta belleza interna, sintámonos como Jesús el Cristo, el hombre iluminado. Esforcémonos por hacer verdaderamente nuestra, aquella actitud y disposición que deberíamos tener si fuéramos nosotros los que tuviéramos que hacer los trabajos de curar al ciego, al paralítico y al cojo.

Mientras caminemos por la tierra, debemos mantener esta convicción de que somos como Jesús y, entonces, aquellas cualidades que él retrataba serán resucitadas dentro de nosotros. ¡Ellas están siempre en nosotros! Este estado de conciencia no es nacido de mujer. Jesús nace nuevamente en la imaginación del hombre y en ninguna otra parte más. Este es el segundo nacimiento o despertar espiritual del hombre. El nacimiento de Jesús el Cristo realmente ocurre en el hombre que practica la disciplina y que medita en el estado ideal.

Es en el movimiento interno en donde el místico finalmente encuentra lo Real. Mientras recorre este camino interno, lo primero que percibe es que esta cosa llamada cuerpo es verdaderamente irreal y que esta tierra, sobre la cual estamos, también llega a ser irreal. Entonces la vida externa se convierte en sueño; la vida interna despierta y se profundiza cada vez más. Finalmente, ambas parecen combinarse y, repentinamente, el Ser que medita percibe que, mediante este caminar interno, ha hallado el Universo. Los soles, la luna, las estrellas y los planetas, están dentro de uno mismo. Se sabe, por primera vez, que los planetas son pensamientos, que los soles y las lunas son pensamientos; y también aprehende que su propia conciencia es la realización que los sostiene a todos ellos. Temporalmente en el espacio está moviendo los sueños del Soñador; los mundos, los soles, las lunas y las estrellas son los pensamientos del Pensador. Sus ojos están cerrados; Él es la meditación y nosotros somos Su meditación. ¡Esta es la CONCIENCIA al meditar en los misterios del Sí Mismo!

Esta es la jornada interna que en última instancia conduce al hombre hacia lo Real. Es la que lleva al hombre a alejarse, desde el pequeño sentido del "yo" hacia la realización del eterno Ser. La mente del místico, a través de la meditación, encuentra la paz, la entereza y la fortaleza para sus próximos pasos. La práctica de la disciplina de la meditación concede belleza, amor, paz, gracia y dignidad sobre cada impulso, cada actitud y cada acto.

En conclusión, reflexionemos en las siguientes líneas, que fueron escritas por el dedo de Dios, el Anciano de los Días, que a través de las edades llega a nosotros con la Sabiduría Eterna:

"De toda existencia soy el origen, la continuación y el final. Soy el germen, soy el crecimiento, soy el declinar. Mantengo a todas las cosas y criaturas.
Yo las supongo cuando aún no se manifiestan y, cuando la ilusión de la separación termina, yo causo que ellas retornen dentro de mí.

Yo soy la Vida, la Rueda de la Ley y el Modo que conduce al Más Allá.
NINGÚN OTRO EXISTE"
¡AQUIÉTATE! - y SABE - YO SOY-  Dios.