Acabo de llegar a casa después de unos días fuera y me gustaría contar mi primera experiencia tomando control sobre una meditación grupal

Estaba en una casa de campo con unos familiares para darme un baño y despedirme de ellos cuando viene una mujer que también le gustan estos temas y me comentan que me quedara a cenar que iban a hacer una meditación por la entrada de la luna nueva o llena (no lo recuerdo bien).
Viendo que era el último día de estancia, me pareció buena idea y decidí quedarme, también me sentía intrigado por la meditación.
Empiezan a explicarme que lo van a hacer al aire libre, al lado de una fuente con cascada de agua, con la figura de un buda presente, velas, incienso, un cuenco tibetano, música y ropa a poder ser blanca.
Al poco, la señora que venía de visita dice … “Tito, queremos que la oración la leas tú”-
En ese momento la verdad que me puse algo nervioso, pero me volví a concentrar en mi mismo, y pude comprender que esa voz no era el deseo o el ego de esa mujer sino que provenía de algo más profundo. Aquí fue cuando de verdad me di cuenta que debía hacerlo y que era el momento.
Bien, pues la preparación y la presentación de la meditación fue algo maravilloso, tengo la foto en mi mente como si todo estuviera de nuevo delante de mi.
Empezó a sonar la música estilo a las de la danza del vientre, una persona que estaba alrededor haciendo sonar el cuenco tibetano, al aire libre en la oscuridad con las velas y los inciensos encendidos, los alimentos que íbamos a consumir después también estaban presentes … y nos cogimos todos de la mano durante unos minutos hasta que fue el momento de leer la oración, después había que cerrar el círculo y el ritual requería que con la siguiente canción danzáramos todos al son de la música de forma libre … yo no dancé porque en ese momento me sentí más inspirado en cerrar los ojos juntando dos dedos y continuando con mi meditación.
Esta parte también fue especial, oía todo a cámara lenta, la música, los timbales, las campanillas, los pasos, los saltos, la arena … no abrí los ojos hasta que paró la música, no quise ver a nadie por el bienestar del sonido y la luz y la energía que sentía en ese momento en mi y a mi alrededor.
Cuando todo acabó, me costó un poco salir de ese estado y volver a situarme en la normalidad de una cena en familia, “mi primera vez, toda una experiencia”.