Please insert ads from Admin CP

Autor Tema: Una lección de manifestación. Neville  (Leído 230 veces)

0 Usuarios y 1 Visitante están viendo este tema.

moni18

  • BELLÍSIMA
  • Aprendiz
  • *****
  • Mensajes: 6058
  • ¡AQUIÉTATE! - y SABE - YO SOY-  Dios
Una lección de manifestación. Neville
« : noviembre 18, 2017, 04:07:53 pm »
UNA LECCIÓN DE MANIFESTACIÓN

Hace ocho años, estaba en Nueva York por un mes, y dos de mis hermanos, Víctor y Laurence, vinieron a pasar dos semanas conmigo en la ciudad. Se registraron en el mismo hotel. Querían ver todo lo que pudieran en el transcurso de dos semanas y yo les compré entradas para ver catorce espectáculos; a veces, iban incluso a las funciones vespertinas, querían ver todo en las dos semanas que iban a quedarse. Pero lo único que mi hermano Laurence quería ver era la nueva presentación de la Opera Aida. Bueno, los periódicos decían que las entradas estaban agotadas desde el mismo momento en que se anunció esta nueva presentación. Era la misma música, naturalmente, pero tenía un nuevo escenario, era la novedad en ese sentido. Y esto capturó la imaginación de todos los amantes de la ópera y todos querían ver el espectáculo Aida.

Lo único que él (mi hermano) quería ver era Aida, pero los periódicos tenían grandes avisos publicitarios: "No queda un solo asiento disponible" Se presentaba en la antigua ópera de la calle cuarenta y Broadway. Se extiende desde Broadway hasta la séptima avenida, en el viejo teatro Metropolitano. Por la mañana nos pusimos en camino y me dije que realmente no importaba, así que solo salimos, teníamos que ir a almorzar de todos modos. Solo iríamos a ver qué pasaba. Llegamos allí y vimos enormes letreros en el exterior, anunciando que no quedaban asientos disponibles para Aida. Estaban alrededor de todo el Metropolitano. Entré y había 3 filas que conducían a las 3 ventanillas que vendían boletos para toda la temporada; estaba claro que no había asientos para Aida. Me puse en la primera fila. Era una fila muy larga, y luego vi que la tercera fila avanzaba más rápido que la primera y la segunda, así que me cambié a esa fila.

La fila avanzaba rápidamente, ya llegábamos a la ventanilla y aparentemente no había esperanzas de conseguir boletos, pero antes de salir de mi habitación del hotel simplemente asumí que tenía los boletos para mis dos hermanos. Yo no quería ir pero ellos sí querían ver el espectáculo así que imagine que les daba las entradas. Me puse en esta fila y avanzo rápidamente hacia la ventanilla. Cuando llegamos, un hombre alto y rubio, más alto que yo; yo mido un metro ochenta, entonces él debía medir alrededor de un metro noventa, estiró su mano sobre mi cabeza y desvió la atención del vendedor mientras hacía una pregunta, la persona delante de mío estaba comprando entradas no para Aida pues las entradas estaban completamente agotadas, estaba comprando dos asientos para otra ópera. Luego se fue, después de desviar la atención del vendedor. El hombre delante de mío puso unos billetes por debajo de la ventanilla y luego cuando el cajero miró el dinero, el hombre ya se había alejado, el rubio alto. Y le dio los boletos a este hombre (el que estaba delante mío, en la fila) y de repente dijo: bueno, solo me ha dado tres dólares, no lo que debía haberme dado, y mencionó el dinero que debía haberle dado.

Por esto estaba desconcertado. El cajero estaba desconcertado. Volteé y le grité al rubio alto, le dije: "Señor". Grité tan fuerte que él no pudo evitar prestar atención, se dio la vuelta y le dije: "Regrese aquí, se lo necesita". Regresó como un niño pequeño que es llevado de la mano, regresó y dijo. “¿Qué pasa?" El cajero dijo:" Esto es todo lo que me ha dado, dos billetes de un dólar”. Él dijo: "Oh, no, no lo hice, te di dos billetes de diez". Yo dije: "No, no lo hiciste. Yo estaba parado aquí mismo". Vi lo que hiciste. Le diste dos billetes de un dólar. Fue todo lo que le diste”.

El hombre estaba estupefacto. Estaba completamente estupefacto que no sabía qué hacer. Le dije: "Estoy parado aquí, vi exactamente lo que paso". Luego abrió su billetera y había muchos billetes de un dólar, uno de veinte y dos de diez. Con eso, se cerró el tema y el hombre sacó el dinero y pagó el boleto y se llevó sus dos billetes de un dólar.

Entonces le dije: "Quiero dos asientos para Aida esta noche y los quiero adelante". Quiero que estén en el centro”. Dijo:" Sí, señor ", y tomó de lo que él llamaba el VIP, siempre reservan unos pocos, cuando la función está agotada siempre reservan algunos asientos para quienes son considerados “personas muy importantes”. Ciertamente no soy una persona muy importante, pero lo salvé de la pérdida de 20 dólares y rápidamente sacó los dos asientos y me dijo: "veinte dólares". Le di los veinte dólares, me fui y le di los dos asientos a mis hermanos.

Ahora, un estado llamado hurto, estos dos hombres habían elegido ser ladrones en su mundo, son estafadores y eso está perfectamente bien, Dios hizo todo para su propósito, incluso a los malvados para el día de la angustia, léelo en el Capítulo 16 versículo 4 de Proverbios "Él hizo todo para su propósito, incluso al malvado para el día de la preocupación. El día de la angustia puede no ser una guerra;
Tenía problemas para conseguir estas entradas, ese es un momento de preocupación y simplemente asumí que los tenía y simplemente jugué mi parte en mi imaginación antes de salir de mi habitación de hotel para que mis hermanos fueran a ver este espectáculo, esta noche de Aida, la nueva presentación de Aida.
Luego, dos personas que se entregaron al estado de robo, tuvieron que entrar directamente en la fila en la que yo estaba, estaba en la primera fila y luego me cambie a la tercera porque vi que avanzaba más rápido, entonces el entra en esta fila y juega su parte maravillosamente. Si no hubiera hecho lo que hizo, no habría recibido esas entradas porque no soy una persona muy importante.

El cajero me miró a los ojos y dijo: "Aquí hay un hombre honesto” Soy un hombre honesto que lo salvó de perder 20 dólares". Y entonces sacó rápidamente los dos asientos que pagué naturalmente, no me los regaló, estaba dispuesto a pagar mis asientos, pero no los hubiese podido comprar pues por todas partes habían carteles que decían: “entradas agotadas” en todo el rededor del teatro de ópera Metropolitano. Podías verlo en la pared y en un gran anuncio en el periódico "entradas para Opera Aida agotadas" y fui ese día y conseguí esos asientos justo en la mejor zona. En la fila central para mis dos hermanos, pues un hombre jugó su parte bellamente, se entregó y fue un estafador; le resulta fácil ganarse la vida siendo un estafador, y para quienes quieren hacer dinero fácil hacen de esto una profesión. Esa es su parte, juegan esa parte. Ahora, tú juegas tu parte maravillosamente y uno de ellos puede ser un instrumento y darte lo que quieres en este mundo. Yo quería dos asientos para Aida.

Bueno, si no fuera por un estafador, no tendría estos dos asientos. Entro en la fila en la cual yo me encontraba, se acerca y justo cuando llegué a la ventanilla, puso su mano sobre mi cabeza para distraer la atención del vendedor y el que está delante mío comprando dos asientos, no para Aida pues las entradas estaban agotadas, está comprando dos asientos para otro espectáculo y sacó dos billetes de un dólar en lugar de dos de diez y luego este hombre se fue y yo volteé como si estuviera inspirado. Con voz alta le dije: “Señor regrese aquí, él tuvo que volver, y así lo hizo. Regresó justo como un niño pequeño y se paró a mi lado y me miró y no se atrevería a contradecirme. Le dije que no le diste más de lo que el vendedor te esta mostrando ahora. Le diste exactamente lo que te muestra pues yo estaba aquí junto a ti. Estaba indefenso, no podía golpearme, era mucho más alto que yo, era un hombre fuerte y fornido pero él estaba impotente en mi presencia cuando lo llamé. Solo interpretamos un papel, por ello ¿acaso no debería perdonarlo? Hay infinitos estados en este mundo y todo lo que tienes que hacer es olvidarte de ello, haces tu parte y cada estado necesario para hacer que su deseo se realice estará presente en el momento en que lo necesites.

N Goddard.
Traducción Rosario De La Cruz Salcedo.
¡AQUIÉTATE! - y SABE - YO SOY-  Dios.