Un saludo a tod@s.
Antes que nada quiero agradeceros doblemente vuestras respuestas. Primero por el hecho de realizarlas, y segundo por el tono comedido que emplean, algo de lo que mi comentario en algunos momentos carece, con lo que aprovecho para pedir sinceras disculpas a quien se haya podido sentir ofendido. La verdad es que esperaba respuestas mucho más “gruesas”, así que reconfortado quedo de encontrar a personas capaces de digerir las críticas sin perder las formas. Gracias también a Success por su elogioso comentario. Te sorprendería comprobar lo torpe e ineficaz que puedo llegar a ser a la hora de expresarme, con lo que recibo tu respuesta con verdadero agrado.
El comentario es una copia, casi íntegra, del insertado en el blog donde suelo comentar películas, libros y discos (
http://discosyotros.blogspot.com/). Cómo llegué a El Secreto creo que queda bien explicado en el primer párrafo del comentario: simple casualidad, amén de la tendencia, muy acusada en mí, a mirar con mucho escepticismo afirmaciones como las que se hacen en el contexto de El Secreto. Mi blog no es que tenga, precisamente, mucha afluencia de lectores
–tampoco tiene mayor interés, esa es la verdad- así que decidí colgarlo en vuestro foro buscando introducir una opinión contraria a la generalmente favorable, y generar el consiguiente debate.
No voy a entrar en discusión con quien diga que El Secreto funciona, y que su vida ha mejorado desde que lo pone en práctica. Uno es uno mismo, sus circunstancias, la forma que tiene de entender su entorno y su manera de interpretar los acontecimientos que se van sucediendo, con lo que no voy a ser yo el intruso que irrumpa entre todos estos factores para ajustarlos a mi forma de ver la vida. Estudios hay sobre el comportamiento de nuestra psique cuando aplicamos nuestra creencias al devenir diario, entre ellos el que habla de la valoración positiva que hacemos de los hechos que corroboran esa creencia y cómo simplemente olvidamos los que así no lo hacen.
Pero qué queréis que os diga que no esté reflejado en el comentario. Todo esto me parece de una irracionalidad flagrante. La Ciencia hace ya mucho que tiene una idea de la Tierra y sus habitantes, respecto al Universo circundante, como el equivalente a la millonésima parte de la millonésima parte de una mota de polvo en unos grandes almacenes (o algo así). No tenemos ni la más remota posibilidad, por el momento, de alterar lo que hay ahí fuera ni, en muchos aspectos, de entenderlo. Pues bien, toda esa inmensidad lejana, insondable, inalcanzable y también amenazadora queda reducida, según la tesis que maneja El Secreto, a un ente que de alguna forma –que no se explica, por cierto- recepciona nuestros pensamientos y reacciona de una forma u otra dependiendo del sentido que le demos a éstos. Ese concepto de Universo no tiene, en cualquier caso, nada que ver con lo que la Humanidad conoce como Universo en sí mismo, con lo que el punto de partida –quién o qué nos proporciona aquello en lo que pensamos- ya falla de forma estrepitosa.
Además, la experiencia diaria hace el resto y demuestra muy a las claras que todo esto es un sinsentido de grueso calibre. Los acontecimientos, sean positivos o negativos para alguien en concreto, simplemente ocurren. Otra cosa es que tu actitud positiva ante la vida te haga ver ésta con ojos diferentes de los que lo haría otra persona con tendencia a la negatividad. Y si leemos un poco las biografías de aquellos que se mencionan en El Secreto como poseedores de ese saber, veremos que están salpicadas de acontecimientos que, como a todo hijo de vecino, les afectaban de una u otra manera independientemente de lo que, sin duda, fueron sus deseos. Si tomamos por ejemplo a la Madre Teresa de Calcuta –personaje ante el cual me pongo de pie, me quito el

y aplaudo enérgicamente, aunque soy un agnóstico convencido- veremos que estuvo lejos de obtener lo que pedía. Son conocidas sus angustias y aflicciones por los padecimientos de aquellos por los que dio su vida entera. Unas cartas suyas reflejan incluso sus momentos de duda sobre la existencia de Dios (¡¡La Madre Teresa de Calcuta!!), cosa nada extraña, si vemos la miseria, dolor y desesperación contra la que estaba siempre presta a luchar, y ante las que sin duda se sintió muchas veces impotente. Y que sepamos ningún Secreto acudió a ella, cosa que sin duda hubiera empleado para mitigar el sufrimiento de sus semejantes, principal objetivo de su existencia.
Espero haber sido un poco más comedido en este otro comentario. Nada más lejos de mi intención que faltarle el respeto a nadie. Quizá debería haber modificado el texto, ya que éste iba dirigido enteramente a mi blog, que no es lo mismo que insertarlo en un foro con un tendencia determinada, aunque observo que la administración del foro ya ha obrado en consecuencia.
Gracias por vuestra atención y un saludo afectuoso.