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Autor Tema: Cómo se sanó Joe Dispenza.  (Leído 654 veces)

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moni18

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Cómo se sanó Joe Dispenza.
« : enero 28, 2017, 07:34:01 am »
Una decisión radical (del libro EL PLACEBO ERES TÚ. Joe Dispenza).


A pesar de que el equipo médico que se ocupaba de mi caso me lo desaconsejara, abandoné el hospital y me fui en ambulancia a casa de dos íntimos amigos míos en la que permanecí los tres meses siguientes para centrarme en mi curación. Me fijé una misión.

Decidí que empezaría cada día a reconstruir mi columna, vértebra a vértebra, y le mostraría a esa conciencia, si es que reparaba en mis esfuerzos, lo que quería alcanzar. Sabía que tendría que permanecer en un estado de presencia, es decir, vivir el presente en lugar de pensar en el pasado o de lamentarme por lo sucedido, preocupándome por el futuro, obsesionándome con las condiciones de mi vida exterior o centrándome en mi dolor o mis síntomas. Al igual que en cualquier relación que mantenemos, todos sabemos cuándo alguien está presente o no al relacionarse con nosotros, ¿no?

Como la conciencia es atención, y la atención consiste en fijarse en las cosas, y fijarse en las cosas es estar presente y advertirlo todo, esa conciencia sabría cuándo yo estaba presente y cuándo no lo estaba. Al interactuar con ella tendría que permanecer en el presente. Mi estado de presencia tendría que ser como el suyo, mi voluntad tendría que coincidir con su voluntad, y mi mente tendría que concordar con la suya.

Así que dos veces al día, durante dos horas, me dedicaba a mirar en mi interior y a crear una imagen del resultado que deseaba: una columna totalmente reconstruida.

Advertí lo poco consciente y lo descentrado Prefacio El despertar 19 que estaba. Es curioso. De pronto vi que, cuando nos enfrentamos a una crisis o a un trauma, invertimos demasiada atención y energía pensando en lo que no queremos en lugar de en lo que sí queremos. Durante aquellas primeras semanas estuve manifestando esa tendencia a todas horas. En mitad de la meditación, mientras estaba creando la vida que quería con una columna totalmente reconstruida, advertía de pronto que me había distraído pensando en lo que los traumatólogos me habían dicho varias semanas atrás: que seguramente nunca más volvería a caminar. Mientras intentaba reconstruir mi columna, me descubría estresándome al pensar si debía vender mi consultorio quiropráctico. O cuando estaba repasando mentalmente, paso a paso, que volvía a caminar, me pillaba imaginándome cómo sería pasar el resto de mi vida en una silla de ruedas, supongo que ya sabes a lo que me refiero.

Cada vez que me distraía y me venía a la cabeza un pensamiento que yo no quería, volvía a empezar y me imaginaba lo que deseaba alcanzar de nuevo. Era una labor tediosa, frustrante y, para serte sincero, una de las cosas más difíciles que he hecho en mi vida.

Pero concluí que la imagen decisiva en la que quería que se fijara el observador que habitaba en mí debía ser clara, impoluta y constante. Para que esa inteligencia realizara lo que yo deseaba —y sabía que era capaz de hacerlo—, debía estar plenamente consciente en todo momento en lugar de distraerme. Al final, después de estar batallando durante seis semanas conmigo mismo e intentando estar presente con esa conciencia, logré realizar el proceso interior de reconstruir mi columna sin tener que detenerme para volver a empezar. Recuerdo el día que lo conseguí por primera vez: fue como cuando algo te sale por fin redondo. Sabía que me había salido con la mía. La sensación era muy singular. Inconfundible.

Y me sentí lleno, satisfecho y completo. Por primera vez estaba realmente relajado y presente en cuerpo y alma. Había dejado de parlotear en mi interior, de analizar, de pensar, de obsesionarme, de intentar alcanzar algo, y sentí una especie de paz y silencio. Fue como si ya no me importara ninguna de las cosas de mi pasado y mi futuro por las que me había estado preocupando tanto. Y al comprenderlo, el viaje que había emprendido cobró más fuerza 20 el placebo eres tú todavía, porque cada vez me estaba resultando más fácil crear la visión de lo que yo quería, reconstruyendo mis vértebras. Y lo más importante es que empecé a notar algunos cambios fisiológicos muy significativos. En aquel momento fue cuando comencé a asociar lo que estaba haciendo dentro de mí para crear ese cambio con lo que sucedía fuera de mí, en mi cuerpo. En cuanto lo relacioné presté más atención aún a lo que estaba haciendo y lo realicé una y otra vez con más convicción. Por eso lo hice con alegría e inspiración en lugar de con miedo e inseguridad. Y de pronto fui capaz de acortar la sesión de meditación que me llevaba de dos a tres horas. Como en esa época disponía de un montón de tiempo empecé a pensar en cómo sería volver a contemplar la puesta de sol desde la orilla del mar o almorzar con mis amigos en un restaurante, y cómo a partir de entonces valoraría todas esas cosas. Me imaginé con todo detalle tomando una ducha y sintiendo el agua deslizarse por mi cara y mi cuello, o sentado simplemente en el retrete, o paseando por la playa de San Diego, sintiendo el viento en mi cara. Eran algunas de las cosas que no había valorado nunca antes del accidente, pero en esos momentos eran muy importantes para mí y dediqué un tiempo a aceptarlas emocionalmente hasta experimentar la sensación de estarlas realizando de nuevo. En aquella época no sabía lo que estaba haciendo, pero ahora sí lo sé: estaba empezando a pensar en todas esas posibilidades futuras que ya existían en el campo cuántico y aceptando emocionalmente cada una de ellas. Y a medida que elegía ese futuro para mí y lo combinaba con la emoción que sentía al vivirlo, mi cuerpo empezó a creer en el presente que ya lo estaba experimentando. A medida que mi capacidad para observar mi destino deseado mejoraba día a día, mis células empezaron a reorganizarse. Comencé a enviar señales nuevas a genes nuevos y entonces mi cuerpo empezó realmente a mejorar más deprisa. Lo que estaba aprendiendo es uno de los principios fundamentales de la física cuántica: mente y materia no son dos elementos distintos, y nuestros pensamientos y sentimientos tanto conscientes como inconscientes son los planos que determinan nuestro destino. La tenacidad, la convicción y la concentración para manifestar cualquier posibilidad fu- Prefacio El despertar 21 tura se encuentra en la propia mente y en la mente de los potenciales infinitos del campo cuántico. Estas dos mentes actúan al unísono para materializar cualquier realidad posible.

 Comprendí que en este sentido todos somos creadores divinos, independientemente de nuestra raza, sexo, cultura, posición social, educación, credo religioso o incluso de los errores cometidos. Por primera vez en mi vida me sentí una persona muy afortunada. Tomé otras decisiones importantes sobre mi recuperación. Seguí un régimen (lo describo con detalle en Desarrolla tu cerebro), que incluía una dieta saludable, visitas de amigos míos que ejercían la curación energética y un elaborado programa de rehabilitación. Pero en aquella época lo más importante para mí fue entrar en contacto con esa inteligencia que existía en mí y, a través de ella, usar mi mente para curar mi cuerpo. Nueve semanas y media después del accidente me levanté y volví a llevar mi vida cotidiana habitual sin recurrir a escayolas ni a intervenciones quirúrgicas. Me había recuperado del todo. A las diez semanas empecé a ocuparme de mis pacientes, y a las doce a entrenarme y levantar pesas mientras seguía con mi rehabilitación. Y ahora, casi treinta años después del accidente, puedo sinceramente decir que desde entonces apenas me ha dolido la espalda.
¡AQUIÉTATE! - y SABE - YO SOY-  Dios.

Gatuna

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Re:Cómo se sanó Joe Dispenza.
« Respuesta #1 : abril 13, 2017, 07:08:35 pm »
 ok