Hola,
lo que dices me hace recordar que cuando me voy de vacaciones en avión, no sólo disfruto en el destino, sinó también en el viaje, dado que me gusta mucho volar. Incluso no me cuesta madrugar ese día. Es un buen ejemplo.
Yo creo que el hecho de tener esa impaciencia por ver realizados (o mejor dicho, materializados) nuestros deseos, es una señal de que seguimos

que la felicidad nos tiene que llegar irremediablemente del exterior. Vamos, que todavía no hemos aprendido nada. Y a mí es el primero que aún me pasa. Pero bueno, sigo trabajando duro, es como ir al gymnasio pero en la mente. Los primeros días tienes agujetas, pero más adelante ya cuesta menos y estás más tiempo allí.
Gracias al autor de este post porque lo que dices es de gran importancia y si alguien no nos avisa, no nos damos cuenta y retrocedemos sin quererlo.
Gracias, gracias y mil gracias. Este post vale su peso en oro (y los demás posts también, eh?, que no veáis como me ayudan), pero es que lo que aquí se dice es una de mis asignaturas pendientes.
:gracias: :gracias: :gracias: